La vida pasa rápido, y cambia. Lo que ayer no era nada hoy lo es todo y viceversa.
Guardo los recuerdos plasmados en papel en el fondo de un armario que espera a que, algún día e insegura, me decida a abrir. Millones de letras que claman ser leídas. Millones de letras con el poder de engancharte, de transformarte, de trasladarte.
Días buenos, días malos y días peores que cicatrizan en lo más profundo y sin vacilar.
El lado oscuro, el primer lado, más bien, el que te enseña las espinas de eso que suele llamarse comúnmente "mundo".
¿Que qué pasa ahora, dices? Ahora, aunque quizás algo tarde, es cuando reviento, prohibiéndome caer, harta del dolor, cansada de la vergüenza de verme siempre en el suelo, al otro lado del espejo hecho añicos. Prometo fabricar un escudo, grande y fuerte, con el que luchar a partir de ya.
Y tú estás al otro lado.