Vuelves a la nube negra como por inercia,
vuelves de rodillas, con la cabeza agachada,
se te hunde el pecho, como tantas veces,
como cuando ni siquiera las alas levantabas.
Como cuando de tus brillos eras ignorante,
como cuando nada valía para agarrarte,
vuelves a la nube negra como por inercia,
vuelves, como siempre que, sin máscara, dejas de amarte.