jueves, 19 de noviembre de 2015

Como si no lloviera.

Te esperé de espaldas,
con los ojos cerrados y el alma dormida.
Te esperé despierta pero ausente,
sin esperar que de un soplo reabrieras la herida.

Te esperé de espaldas
sin esperarte de veras
y llegaste de pronto, riendo,
como si no lloviera.

Pensándolo bien, no, no te esperaba,
ni te buscaba,
yo quería un juguete que no molestase,
y llegaste tú, y me agrietaste.

Que no, que no te esperaba
y ambos chocamos,
despertando del sueño del alba,
en la misma cama y enlazadas las manos.