lunes, 28 de agosto de 2017

Nada se dice.

Nada se dice de sus ojos,
ni de las lágrimas enfrascadas en la melodía de una canción.

Nada se dice de sus pechos valientes,
de sus alas sin dueño,
de sus manos ásperas
y sus palabras suaves.

Nada se dice de sus heridas,
de sus pies descalzos sobre un suelo que les quema,
de la jaula que les asfixia,
del silencio que les condena.

La libertad a pocos metros,
el cielo sobre cuchillas
que desgarran la esperanza de una vida que jamás regresará.

Y nada se dice de la fuerza que brota de sus entrañas,
de la luz que se enciende en cada una de sus sonrisas.
Nada se dice del amor que les desborda por haber perdido el miedo. 

Son casi indestructibles. 

Casi.

Pero aún hay quien les reta.


Un agosto caluroso en el país invisible.