Es triste reconocer que uno mismo ha cambiado, que el lugar al que ahora llamas hogar no lo será nunca más y que aquella persona que un día amaste dejó de ser lo que buscabas. Que nunca nada es lo que buscas. Que no te encuentras.
Conozco esos cambios tan rápidos, mis vaivenes, las heridas que dejo a mi paso, como huella de ola, como estela de estrella. Conozco mis secretos y conozco mi ignorancia. Sé a quienes herí y a quienes perdí, y sé que me duele todavía.
Vuelvo a mirar atrás y a ver pasar el tiempo, vuelve a invadirme la nostalgia de no saber lo que quiero. Otro camino pisado, otro abismo esperando. Regreso al nido para sentir que no es el mío, que nadie entiende, que nada es claro, que el mundo sigue, que el cielo ya no me sonríe, que el espejo miente. Me da miedo todo, como de costumbre. Me asusta que nada sea igual y más que nada haya cambiado. Me dan miedo las miradas y las palabras vanas. Me da miedo caminar en círculos, y el perderme. Perderme demasiado.