domingo, 15 de julio de 2018

Me mece el viento por dentro.

Me mece el viento por dentro, 

aires previos al huracán, 

de cambios y rehacerse. 

Reencontrarse.

Como seda 

que se deja llevar por su libre albedrío, 

que, tranquila, confía en los vientos.

Me mece el viento por dentro,

y sonrío porque, de nuevo,

sé que algo está creciendo.

jueves, 26 de octubre de 2017

Me hice libre.

Me obligó a esconderme del resto porque podían herirme, 
y con solo una amenaza, me obligó a oírle.
Me impidió sobresalir por si fracasaba, 
me obligó a ser pequeña, a estar callada.

Me enseñé a desobedecer y a salirme del camino,
me lancé a batir mis alas y alejarme del espino.
Me enseñé a hacer caso omiso de sus mentiras,
me enseñé a gritar más alto que otras vidas compungidas.

Me convirtió en muñeca, en juguete, en su títere,
y yo me besé y corté los hilos, y me hice libre.

Juntos.

Cuando al caer la noche los párpados pesaban, la mente agotada nos afligía, las voces pasadas, presentes, se repetían una y otra vez, cuando el pecho dolía tan fuerte que cada latido simulaba una bala, cuando el nudo en la garganta nos ahogaba, solo entonces respirábamos el aliento del otro y nuestras tormentas amainaban.

Cigarro.

Ahora vuelo a trompicones, con más peso del debido, con la carga de cemento del recuerdo de tus besos. Pero vuelo más alto que antes, me hago más fuerte a costa de romperme. Vuelo alto sin importarme nada, lo que más quise ya quedó lejos, ¿qué más puedo perder?

Bailo con el viento, río con la bruma del agua, grito con el fuego del sol de mediodía y me alejo de todo y de todos. Como el humo del cigarro que se consume despacio.

lunes, 28 de agosto de 2017

Nada se dice.

Nada se dice de sus ojos,
ni de las lágrimas enfrascadas en la melodía de una canción.

Nada se dice de sus pechos valientes,
de sus alas sin dueño,
de sus manos ásperas
y sus palabras suaves.

Nada se dice de sus heridas,
de sus pies descalzos sobre un suelo que les quema,
de la jaula que les asfixia,
del silencio que les condena.

La libertad a pocos metros,
el cielo sobre cuchillas
que desgarran la esperanza de una vida que jamás regresará.

Y nada se dice de la fuerza que brota de sus entrañas,
de la luz que se enciende en cada una de sus sonrisas.
Nada se dice del amor que les desborda por haber perdido el miedo. 

Son casi indestructibles. 

Casi.

Pero aún hay quien les reta.


Un agosto caluroso en el país invisible.

domingo, 20 de agosto de 2017

Inadvertidas.

Pasan inadvertidas
hasta que el vidrio de sus ojos les delata. 
Viajan al pasado y envejecen.
Oscurecen.
Se retuercen sus entrañas en cada recuerdo
cuando miras dentro,
y la tormenta aparece.
¿Dónde se esconden los miedos
de quienes una vez renacieron?

Pasan inadvertidas,
como si no fueran nadie, ni nada valieran.
Gentes sin nombre, errantes.
Cifras ascendentes.
Desesperan sus ansias por derechos que les niegan,
y se queman en la fila
por un papel que lo diga.
¿Cuándo dejamos que un sello
valiese más que una vida?

Pasan inadvertidas
sobre el asfalto de un lugar ajeno que les rechaza.
Caminan diferente
entre mentes ausentes
de quienes nada saben, ni se imaginan
qué se siente al mirar dentro
de una superviviente.
¿Y para cuándo la empatía
será señal de rebeldía?

jueves, 5 de enero de 2017

A flor de piel.

Cuando se me sonrojan las mejillas o me rozas sin quererlo.
Cuando me elevas tan alto que, incluso yo, me estremezco.
Cuando no hay distancia que impida que te cueles en mis suspiros.
Cuando lo dices discreto pero explotas mis cimientos.
Entonces, florezco.

Porque lo haces con calma, porque no me invades.
Porque no me haces tuya, ni me obligas, ni me juzgas.
Porque plantas besos en cada herida.
Porque acaricias cada una de mis espinas,
Por eso, florezco.

Y hoy te lo digo sin miedo,
porque lo siento, y es sincero
lo digo alto y claro
desde un pecho alicatado y aun sin recomponer:
que desde que tú llegaste te llevo siempre a flor de piel.