lunes, 11 de febrero de 2013

Tengo miedo.


Cansada de llorar en las esquinas por no haber actuado, ¿me alimento de experiencias y no soy capaz de dar un solo paso? Reina de sentir y ser feliz, de saltar desde el acantilado, pero trago amargo este destino que me incita y me previene del posible nuevo hachazo. Decidí romper barreras y no cumplo mi promesa, avanzo y retrocedo, tengo miedo. Miedo de vivir con miedo, de pagar por cada golpe a la pared con espinas en el alma, hilos, piedras. Sería bonito dejarle paso, confiar y subirme a su mano, arreglar cada peldaño hasta la cumbre. Al fin y al cabo el cielo hoy está despejado, el viento me empuja y una voz todos los días me insinúa que la atrape al vuelo. Decidí romper barreras, quizás ya haya abierto una grieta, total, he perdido el rumbo de la realidad, toca improvisar, y si muero no seré novata en ello. Tengo miedo, aunque peor sea el miedo a sufrir sin haber arriesgado, aunque peor fuera el clavo que ya he sacado.

Que se pare.

Que se pare el tiempo si esto no es eterno, si el invierno acaba y no volveré a sentir este frío. Que se pare el tiempo si un final se aproxima, que se pare en tus ojos, cuando piensas, creas, regalas y atrapas, que no muera. Que se pare cuando el día llegue, y que no tarde, cuando no te vea, cuando solo sienta. Que se pare el tiempo antes de que pierda y marche tras la puerta, antes de que vuelva a esconderme en mis historias. Que se pare si es real, si no me estoy volviendo loca cuando se me cose la boca al gritar al pasado. Que se pare el tiempo si termina, si lo que ya me ha tocado queda en vano, si no volveré a ser tan joven ni tú tan grande, si el mundo sigue su curso y no me deja despedirte.