Pies fríos. Cabeza firme. Mente rebosante de palabras sin orden dispuestas a ser desahuciadas al rincón de los olvidos, donde no molestan, donde todo se acumula como trastero lleno de vidas pasadas. Aparcar ideas que solo interfieren entre origen y destino. El mismo bucle, la misma huida de cada día gris que atormenta con tormentas venideras. El tiempo pasa, las barreras crecen y el pecho estalla. Alguien tira de la cuerda, el pasado se aleja, el presente se pierde. El placer de lo pequeño y el reto de lo grande, el que se mira desde lo alto, el que lo engloba todo para acabar sonriente.
Palabras sin orden.