Días como puñales.
Palabras que colisionan en tu pecho deshaciéndose en cristales. Clavándose profundo. Tanto como le permitiste entrar.
Tu cabeza explota en recuerdos. Literalmente. Todos afloran y el espacio se desvanece. Y siguen saliendo como mariposas liberadas en un mar de viento que te cubre. Y se posan. Y te aplastan.
Bellos recuerdos que ahora te devoran.
Entonces te preguntas si de verdad vale la pena. Si lo bonito fue el camino a pesar de la derrota. Si mereciste este final.
O si quizás habría sido mejor no jugar.
O si quizás habría sido mejor no jugar.