lunes, 13 de mayo de 2013

22:18


Me pierdo la vida por vivir a tientas,
caigo y no aprendo, y las heridas no remiendan.
Se me escapa el aliento en cada suspiro,
odio añorarte y odio fingirlo,
fingir que soy fuerte y que al mundo me entrego
con el alma visible y con los ojos viendo,
odio añorarte con cada tropiezo
odio que me salves y odio mi tormento.
Me pierdo la vida por vivir a tientas
en húmedas cuevas y pierdo la cuenta
de cada fría lágrima sin asilo,
de cada espejo roto revestido
de miradas mojadas con visiones amargas
y de uñas furiosas sin fuerza castigadas.
Vuelvo al mismo pozo de ilusiones destrozadas
por mis propias manos, con mis propias balas.

Podría.


Podría ser una persona corriente y, de hecho, lo sería si no amenazase con atravesarme la misma espina. Podría ser una persona corriente si no viviese con miedos irracionales, si fuese capaz de ignorarlos para siempre o de ganarles, si no brotasen malas hierbas cuando quedo a solas, si no caminase en vaivén, como las olas. Podría ser una persona corriente y, de hecho, lo sería si la noche no fuese mi peor enemiga. Si no me acechase un pasado presente, un virus que me enferma, que nunca muere. Cuánto daría por encontrar la cura y decir que la sonrisa que visto cada día no caduca.