jueves, 26 de octubre de 2017

Me hice libre.

Me obligó a esconderme del resto porque podían herirme, 
y con solo una amenaza, me obligó a oírle.
Me impidió sobresalir por si fracasaba, 
me obligó a ser pequeña, a estar callada.

Me enseñé a desobedecer y a salirme del camino,
me lancé a batir mis alas y alejarme del espino.
Me enseñé a hacer caso omiso de sus mentiras,
me enseñé a gritar más alto que otras vidas compungidas.

Me convirtió en muñeca, en juguete, en su títere,
y yo me besé y corté los hilos, y me hice libre.

Juntos.

Cuando al caer la noche los párpados pesaban, la mente agotada nos afligía, las voces pasadas, presentes, se repetían una y otra vez, cuando el pecho dolía tan fuerte que cada latido simulaba una bala, cuando el nudo en la garganta nos ahogaba, solo entonces respirábamos el aliento del otro y nuestras tormentas amainaban.

Cigarro.

Ahora vuelo a trompicones, con más peso del debido, con la carga de cemento del recuerdo de tus besos. Pero vuelo más alto que antes, me hago más fuerte a costa de romperme. Vuelo alto sin importarme nada, lo que más quise ya quedó lejos, ¿qué más puedo perder?

Bailo con el viento, río con la bruma del agua, grito con el fuego del sol de mediodía y me alejo de todo y de todos. Como el humo del cigarro que se consume despacio.