domingo, 10 de marzo de 2013
No entiendo.
Traduzco el ritmo que me marca el pecho en lo que dura un pensamiento, me quedo sin dedos que dibujen lo que unos labios en movimiento. ¿De qué sirve divagar en círculos? Costumbre base del hambre de un sentir que no me engañe, lejos de cabezas huecas rozo las que me alimenten. Busco intrusos de secretos que me cuenten qué es el mundo, qué me pierdo por pensarte y borrarte tras un muro. No es justo que no lo entienda si un día hasta me cantaba, maldito latir distinto que me quitas el sueño, maldito camino andado y aprendizaje de esclavo. Conversaciones dobles y fuerzas opuestas, alas que se estremecen si tu aliento las abraza. Duele muy adentro y todavía se me escapa el remedio que lo mata. No entiendo cómo un beso me arranca la voz del alma, no entiendo cómo no quiero entender lo que me pasa, ni cómo crecen espinas que cortan de dentro a fuera, volviéndome más fría con la primera luz del día.
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