miércoles, 8 de febrero de 2012

Noche.

Madrugada de un día largo y, espero, productivo.
En un rato veré despertar al sol, puesto que la luna llena me ha dicho ya que se esconde, que necesita un descanso, y que me vaya bien hoy. Buena señal, empezamos con buen pie. Esperemos que nada se estropee, ni hoy, ni mañana ni nunca.
Ahora pienso en las estrellas mientras me inunda la oscuridad de fuera. Concretamente pienso en las fugaces, polvo que en forma de lluvia arrasa la superficie de la atmósfera, carbonizándose, permitiendo que las personas ilusas tengan la oportunidad de pedir un deseo con intención de que se cumpla.
¿Deseos? Yo no debería ser una persona con deseos, no así esa gente a la que el mundo ha dado la espalda y que apenas pueden mirar hacia arriba una noche como esta. Cuando tenga la oportunidad, será lo primero que les muestre…
El sol no llega todavía, se le habrán pegado las sábanas. En realidad, donde yo me encuentro no hay estrellas, pero las nubes que las esconden me permiten ver el halo de luz más o menos rojiza que anuncia que su llegada se acerca.
Qué pena que no las haya, cómo me gustaría perder el tiempo en ellas. Seguro que, aunque hoy deba ser un día productivo, valdría la pena empezarlo así. Igual que valdría la pena en cualquier otro momento nocturno.
Si no hay estrellas, la luna ya se ha despedido y el sol no ha llegado, no tengo nada que observar atónita en la parte superior del cuadro de mi ventana. Podría mirar algo más abajo, donde se verían luces, farolas que a pesar de su buena intención, sólo sirven para estropear las noches más bonitas, podría perder el tiempo en esas casas del horizonte y las personas que las habitan, podría hacerlo, sí, pero no lo haré. Las personas que se encuentren en el horizonte del cuadro de mi ventana, no serán muy diferentes a mí, aunque quizás me equivoque. Y, por supuesto, después de dedicar estas líneas al interminable universo, no estaría bien acabarlas hablando de lo que otra gente podría pensar, hacer o sentir mientras yo estoy aquí mismo, lo que también supondría terminar con un tópico.
Una vez dicho esto, me despido, o mejor aún, saludo al nuevo día que espera por delante cargado de sorpresas… Ah, no, eso también podría ser un tópico.
Buenos días.

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