Hoy. Ahora. Justo en este instante millones de personas, millones de pensamientos en millones de mundos y realidades subjetivas distintas se revuelven incansables. Obviamente no voy a ser la excepción, así que con este motivo me dispongo a plasmar unas líneas en las que (como de costumbre) no quede nada en claro. Aunque quizás deje entrever más de lo que imagino. Ojalá solo lo suficiente.
Es curioso lo fácil que me resulta a mi dejar fluir las palabras desde mis dedos hasta las letras del teclado y lo estúpidamente difícil que resulta sacarlas en presencia física de otra mente pensante que, siendo siempre desconocida en su totalidad por mi parte, pueda estar valorando de alguna forma extraña y desconocida la manera en que mis predicaciones tienen sentido o no. Es curiosa también mi afición por las frases largas, por cierto.
Resulta difícil, creo, por el simple hecho de que no sea posible transmitir completamente lo que se está expresando, por mucho que se intente. Aunque raramente se intenta. Por algo llamado “intimidad” que nos devora a todos tratando de conservar los mayores y devastadores secretos que cada uno escondemos, sigo intentando no dejar salir la jauría de recuerdos amenazantes que me ladran tras la puerta. Tristemente, aun son jóvenes, y continúan latentes cuando la situación los evoca. Afortunadamente, aun conservo mi reciente fortaleza para hacerles frente.
Ahora es cuando alzo la cabeza y me hago creer que, si he llegado hasta aquí, puedo llegar a donde quiera. Ingenua de mí, cuando realmente pienso en las cosas que me esperan impacientes tras la esquina con el fin de sorprenderme y evaluar mi capacidad de actuación. Lo siento, a veces me cuesta reconocer quién me asusta y qué he de hacer para seguir adelante sin girar la vista atrás en ningún momento.
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