Cuando al caer la noche los párpados pesaban, la mente agotada nos afligía, las voces pasadas, presentes, se repetían una y otra vez, cuando el pecho dolía tan fuerte que cada latido simulaba una bala, cuando el nudo en la garganta nos ahogaba, solo entonces respirábamos el aliento del otro y nuestras tormentas amainaban.
No hay comentarios:
Publicar un comentario