Me obligó a esconderme del resto porque podían herirme,
y con solo una amenaza, me obligó a oírle.
Me impidió sobresalir por si fracasaba,
me obligó a ser pequeña, a estar callada.
Me enseñé a desobedecer y a salirme del camino,
me lancé a batir mis alas y alejarme del espino.
Me enseñé a hacer caso omiso de sus mentiras,
me enseñé a gritar más alto que otras vidas compungidas.
Me convirtió en muñeca, en juguete, en su títere,
y yo me besé y corté los hilos, y me hice libre.
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